Facultad de Artes y Humanidades. Lengua Materna.

SEMANA 010 (21 al 26 de septiembre)

EL ENSAYO

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, “ensayo” viene del latín exagĭum, que significa peso. Es un escrito en el cual un autor desarrolla sus ideas sin necesidad de mostrar el aparato erudito; es un género literario.

El ensayo es una composición escrita que tiene por objeto exponer las ideas del autor en torno a un tema y que se centra en un aspecto concreto. Con frecuencia es un texto breve que se diferencia de otras formas de exposición como la tesis, la disertación o el tratado.

Es importante saber que ensayar significa comprobar, así que por medio de este género el autor expone y comprueba lo que piensa, y lo contrasta con las opiniones de otros con el fin de sustentar y dar solidez a sus ideas. El ensayo (por la importancia que da a la opinión del autor) es cien por ciento subjetivo, por lo que en el entramado del texto se vale incluir dudas, especulaciones, comentarios y experiencias. De este modo, el ensayo, más que intentar agotar un tema, surge como producto de la reflexión personal, de la exploración del yo en relación con el mundo exterior. Su estilo no es fijo: es un género flexible donde el autor puede desarrollar el tema como mejor le parezca, claro que no por ello carece de rigor literario o académico; es importante que esté bien escrito y, sobre todo, que cumpla con el propósito comunicativo; es decir, que logre acercar a los lectores a las ideas que se pretende exponer.

Entre sus características principales, se puede mencionar que:


• La estructura del texto es libre -aunque es importante que tenga un inicio (introducción en la que se plantea el tema así como la importancia o interés de tratarlo), un desarrollo (exposición de la postura del autor) y un desenlace (conclusión personal).

• Las opiniones son expresadas de forma sintética y clara.

• El tipo de lenguaje utilizado por el autor -formal o informal- debe ser congruente con el público a quien va dirigido.

• El tono (solemne, poético, didáctico, etcétera) se relaciona directamente con el estilo del autor, con la forma más adecuada en que logra expresar por escrito sus ideas.

Para planificar el trabajo, a continuación se dan algunas estrategias:

Evaluar. El primer paso es definir qué aspecto del tema se desea tratar; para este fin, es conveniente plantear una pregunta que detone la reflexión y, con base en ello, elaborar una lista de razones que se volverán los pilares en que se sustentará la postura del autor. Posteriormente, es recomendable localizar en otros textos ejemplos, evidencias, contrastes, detalles que apoyen o contradigan la opinión personal con el fin de clarificarla y argumentarla; aspectos que la validan y le dan solidez.

Contrastar. De los textos seleccionados se deben localizar y extraer las ideas que interesen y sirvan a los fines del autor. Asimismo, será de gran utilidad elaborar una lista que contenga los principios a contrastar. Este trabajo servirá para encontrar las similitudes y diferencias entre unos y otros.

Analizar. El cuerpo del texto —y el desarrollo del tema— deben dividirse en introducción, desarrollo y conclusión. Para tener clara cada una de estas partes, es conveniente elaborar un esquema donde se podrá establecer en una frase los puntos a tratar en el principio, el desarrollo y el cierre. Este ejercicio permite tener una idea clara y global de las ideas a tratar y de la estructura del texto. A partir del esquema se puede comenzar el proceso de escritura. Es importante recordar que hay que relacionar cada parte del texto con su objetivo: describir, analizar, argumentar, sustentar, etcétera.

Describir. En este punto es necesario establecer cuáles aspectos son los que el autor desea destacar del tema; posteriormente es indispensable desarrollarlos de forma clara, ilustrativa y concisa.

Argumentar. Una herramienta para argumentar de manera adecuada es elaborar una lista detallada de las razones que justifiquen la postura personal ante el tema; éstas pueden basarse en el conocimiento previo del autor, experiencia personal o las ideas de otros. Aquí puede ser de gran utilidad elaborar otra lista con las razones que justifiquen la oposición ante las ideas y opiniones de los demás; por último, es importante lograr refutar (con argumentos sólidos) las objeciones que pudieran surgir ante la postura adoptada sobre el tema.

Demostrar. La forma que, finalmente, tomará la demostración dependerá, en gran medida, de la naturaleza del tema y del estilo personal. No hay que olvidar que en el armado del discurso escrito se deberá tomar en cuenta la evidencia, los fundamentos lógicos, la opinión personal y la de otros en torno al tema.

Fuente:

• Arenas Cruz, María Elena: Hacia una teoría del ensayo: construcción del texto ensayístico. España, Universidad de Castilla-La Mancha, 1997.

• Ortega y Gasset, José: Ideas y creencias. Madrid, Espasa Calpe, 1955.

PRESENTACIONES SOBRE EL ENSAYO

COMO LECTURA EXTRA “ENSAYO SOBRE EL ENSAYO”

http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/public/08145274500870562975635/209776_0010.pdf

http://www.ensayistas.org/

http://docentes.uacj.mx/objetos/ensayo/Definicion.html

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